lunes, 22 de diciembre de 2008

Imán de espinas

No puedes imaginar el dolor que siento, de nuevo ultrajada, de nuevo marchita bajo la decepción del engañado por n-ésima vez. Confié de nuevo en el mito del buen salvaje y de nuevo me atravesaron el corazón con la lanza de las buenas palabras y las malas intenciones.
¿Por qué ser idealista es condenarse a perder? ¿Por qué confiar en la gente sólo lleva al desengaño? Siento como mis pestañas caen, como mis buenos deseos sobre las baldosas marchitas de las aceras de la ciudad. No queda nada bueno en el aire a lo que me pueda aferrar mientras mis pulmones se encharcan con el hollín nocivo de los tubos de escape.
Al otro lado del teléfono no entiendo ni una sola palabra. Cuelgo para no sentirme aún peor de lo que ya me siento, cuando todas las espinas que había quitado a mi corazón vuelven como imantadas a sus punzantes huecos ante la nueva decepción. Te llamo, pero al otro lado, una voz metálica me informa que no estás disponible, al menos, no para mi.
Mis rodillas se reabren supurantes al caer de nuevo en el camino. Prefiero quedarme de rodillas ahí, en medio, mientras mi sangre tiñe de rojo la tierra, antes de arrastrarme hasta la cuneta. Mis dedos tiemblan cuando vuelvo a marcar tu número.
Mis lágrimas son menos saladas y están más secas cuando te oigo, detrás de mí en el camino, ayudándome a levantar mi hastiado corazón para seguir de tu mano por la senda, mientras me secas las lágrimas y me dices que nada de lo material es irremplazable.
Muchas gracias J por ser como eres...

3 comentarios:

elmundooniricodeyuliusclark dijo...

me ha gustado. lo siento si te ha pasado algo malo... me gustaría decirte que puedes confiar en la gente pero no es asi(casi nunca), al fin y al cabo todos somos unos completos desconocidos.

Xao.

Nerea Ferrez dijo...

eva, en el camino siempre habrá piedras, y arena, y nubes, y polvo, y tormenta, y gótas, y caídas, y llanto... pero lo que nos hace fuertes, lo que nos hace libres, lo que nos hace ser y apartar als nubes, es descubrir que, después de todo, nada es tan malo como parece. Si tienes que llorar, hazlo, si necesitas escribirlo, rasga el palpel con tus versos, pero no te detengas nunca en la cuneta, no te apartes en las sombras porque ése sí es el final del camino y de ahí no hay forma de salir. que tu senda termine cuando tenga que ocurrir, pero nunca por una tormenta o una herida en el corazón.
vive tu vida porque, al final del acmino, puedas decir como hizo el poeta: "confieso que he vivido".

E.A.V. dijo...

Muchas gracias a los dos, la verdad es que agradezco mucho vuestras palabras... son cosas sin importacia que por no contarlas en su momento se agrandan y se hacen tremendas... ya está todo arreglado... bueno... no está tan mal, pero de nuevo gracias por vuestro apoyo.