domingo, 5 de octubre de 2008

Mira2

Mirame, no me pierdas detalle. Si parpadeas es posible que ya no puedas seguir mi estela. Camino demasiado rápido como para no ir desgarbada.

Mirate, no corras o perderé tu rumbo. No huyas, no he venido a pelear. Simplemente necesitaba el placebo de saber que sigues aquí.

Mirame. Desde lo alto de mi altar de tacón negro de charol a penas me quema tu piel de vinilo y baqueta.

Mirate. No estoy tan abajo como para que no me puedas tocar. Simplemente, búscame. Posiblemente llevo toda una vida ocultandome, pero siempre dejaré una pista por la que puedas seguir investigando.

Mirame. Ya me tienes postrada a tus pies, semiinválida por el dolor punzante de mi columna desviada. Hiciste que levantara tanto la frente que ahora no puedo caminar recta.

Mirate. Estás de nuevo deambulando por la ciudad. A saber que pasa por tu cabeza. ¿He de cruzar de nuevo los dedos para poder encontrarte o esta vez me darás una tregua, una pista certera tras la que ir veloz?

1 comentario:

Arturo dijo...

Cuanto dolor hay en tu espíritu. Cuanto llanto por un arraigado amor. Espero que tu búsqueda y miradas se vean recompensadas con tu hombre esquivo.